Cuando queremos hablar de tiempo intentamos siempre referirnos a ése que podemos contabilizar. Pero parece que existe un tiempo más allá del contable, al que me referiría cuando nuestro pensamiento nos lleva a dejar que pasen las cosas “cuando Dios quiera”.

Tras estos acontecimientos que están sucediendo día tras día, cada uno intenta protegerse de su conciencia o sus pensamientos más desagradables. Y yo no puedo ser menos, ya que uso normalmente una frase que siempre escuché y que verdaderamente tiene sentido en el tiempo: no es más que la certeza de que todo esto tiene un propósito con el fin de que cambiemos el “chip” para convertirnos en personas más virtuosas.
Ya no sabemos si es martes, lunes, jueves o sábado pero sí sabemos de la existencia del ahora, el después, la tarde, la noche o la mañana: el TIEMPO incontable. Como incontable debería ser la gratitud en estos momentos que vivimos. Hay que ser grato hasta para hacer el bien; es la forma más ineludible de atraer más cosas buenas a tu vida.
¿Qué valor le dais al TIEMPO? Para ser sinceros, no merece más valor del que le pertenece ¿o no? Es cierto que antes no teníamos tanto para poder compartir, para poder ayudar, para querer, para amar, para llamar, para atender, para todo lo que ahora echamos en falta. Ése es el valor del dios Tiempo, a partir de ahora nos esta enseñando a valorarlo más a no tener prisa, a matar la prisa.
El Tiempo te hace llegar a saber que la sociedad no puede cambiar, sino que los que tenemos que cambiar somos nosotros mismos ya que los cambios no se producen de forma espontánea. Es necesario cambiar y aprender a gestionar nuestras vidas, nuestro entorno y estar más cerca de los Tiempos de Dios.
Dios envía su generosidad desde los cielos y, en teoría, se supone que es suficiente para alimentar a todos si todos comen su parte pero la gente esta contaminada y no piensa en los demás, o no solo en los demás, inevitablemente se refleja un trasfondo en las acciones para mayor gloria de uno mismo. Es decir, creemos que el Tiempo nos dará algo mejor mañana, pasado, el otro.
Como conclusión, ojalá todos fuéramos niños no adulterados con el tiempo, no pervertidos por el poder o la gloria, sino virtuosos y vírgenes de alma hasta el final de nuestros días.

Por José Antonio Escolar Gómez

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