IVÁN SALGUERO.

Si, por defecto, porque todo o casi todo giraba alrededor de nuestro trabajo y la presión y el estrés eran parte inevitable de la vida diaria. Hasta hace poco más de un mes, mis despertares estaban ocupados mirando y respondiendo mail, atento a la agenda de la semana para saber cuántos días estaría fuera de casa o en conocer todas las noticias de actualidad empresarial para marcar estrategias de venta o de sinergias con ellas. Hoy abrimos los ojos y lo primero que hacemos es saber cómo están familias y amigos, nos preocupamos porque los compañeros que han ido a trabajar estén bien y en saber cómo está la situación del dichoso virus.

De la casi obsesión por lo profesional hemos pasado a reinventarnos como personas y aunque parezca extraño, ya nada importa más que la salud. Nuestro “defecto” profesional empieza a improvisar para sacarle una sonrisa a los más pequeños de la casa, en ser sus profesores particulares aportando nuestro granito de arena con los deberes del cole,  a saber en qué podemos ayudar en casa para repartir “la tarea” del día a día y a tener nuestro espacio para orar a Cristo y María, los que todo lo pueden. 

Cuando al inicio de la pasada Cuaresma Martín compartía con nosotros que estaría llena de “vocación”, y que al ser costaleros de Cristo y de su Bendita Madre lo éramos por Fe, por orgullo de pertenencia, por sentimiento, por amistad, por compañerismo o porque queremos, miro al párrafo anterior y pienso que llevaba razón y que no hemos podido estar debajo de un paso pero que hemos seguido nuestra vida, nuestra Cuaresma con “vocación”. 

Y que “la tarea” que nos encomendaba convocando a igualás, ensayos y mudás, la hemos repartido en casa. Sí, en casa, porque nuestra tarea era quedarnos en casa. Quedarnos en casa ha sido nuestra mejor estación de penitencia porque era momento de cuidarnos, mantener la Fe con nuestras oraciones, pensar en los demás y ser solidarios. La solidaridad más bonita seguro que ha quedado en el anonimato. Dice Mateo (6:3-4), “Más cuándo tú des limosna, que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha para que sea tu limosna en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto te recompensará”. 

Estos días pasamos mucho tiempo criticando al Gobierno  y a sus decisiones, espero y deseo que retomen el buen rumbo de la situación y piensen más en las personas y menos en los votos (ojo, no tengo creencias políticas solo quiero salir de esto).  Nadie es perfecto, los políticos tampoco y si no que tire otro la primera piedra porque yo tengo que esconder la mano, cometo y seguiré cometiendo errores. 

Es hora de entrenar nuestras mente y nuestras emociones cada día para intentar gestionar mejor lo que está provocando todo esto del virus y llevarlo lo mejor posible, sin dejar de pedirle a Dios por todos los fallecidos, por aquellos que estén enfermos  o se encuentren sin hogar y sin comida.

¡¡Mucha salud a todos‼

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